Es lunes en la tarde, y por fin puedo decir que me dio alegría haber venido a clase. No es que no me guste lo que estudio, al contrario, lo amo.
Lo amo porque me aleja de la cotidianidad y me lleva al mundo oculto que no todos podrían ver y sobretodo entender. Sofía nunca lo entendería.
Hoy, después de tanto tiempo de esperarlo, empecé a ver mi movimiento artístico favorito. Sí, el Surrealismo. La causa por la que desde mis 14 años supe que quería ser artista, y también el porque cada vez que mi profesora de arte en el colegio exponía nuestras “obras”, yo era la primera en irme, evadiendo a cuanta persona se acercara a mis lienzos, mirara extraño y al no entender nada de lo que tenía al frente quisiera una explicación profunda, que lastimosamente nunca tuve. Siempre me pregunte porque la gente necesita una explicación racional para todo. Y hasta el momento no encuentro su respuesta, o quizá si la tengo, pero se que como nunca estaré de acuerdo con estas personas, no quiero tratar de entenderlos.
Mi obra es tan sólo una muestra de lo que dicen mis sentimientos. Dejo que mi cuerpo sea el que guíe el movimiento de mi pincel, mientras mi corazón escoge cada color de mi paleta de oleos. Es así y siempre lo ha sido.
Nunca olvidare la ultima exposición que hizo mi profesora antes de graduarme. Mi lienzo era el más grande y sus colores los más explosivos, pero como siempre, mi pintura no debía ser entendida por nadie, pero todos querían su explicación.
Ese día me escondí de los preguntones, pero me asegure de poder escuchar cuanto comentario hicieran de mi cuadro. Fue una experiencia un poco extraña, pero a la vez divertida. Ni yo tenía claro que significaba lo que había hecho y mucho menos el porque. Al oír a estos “críticos” que saben de arte lo mismo que de física cuántica, me estremecí. Unos decían que era el infierno, supongo que por los colores calidos que use. Otros que era el nacimiento, porque había círculos que parecían huevos y unos seres extraños que para ellos eran como unos fetos, y que por lo general siempre los dibujo en todas partes. El que más me sorprendió fue mi profesor de Biología el cual se atrevió a ponerle nombre a mi obra, “Huevo en Formación”.
Desde que empece a hacer estos “rayones” como solía decirle a mis dibujos extraños, he tenido que lidiar con todas estas personas que creen tener la respuesta a todo. Pero afortunadamente sus comentarios han salido de mi mente con la misma rapidez que algún día intentaron entrar, sin causarme ningún tipo de interés o resentimiento.
Sólo dos personas han logrado traspasar esta barrera, mi hermana Sofía y Samuel, mi mejor amigo.
Sofía porque es a la única que cada vez que la escucho opinar algo de mis pinturas logra sacarme el mal genio de una forma absurda. Ella piensa que mis dibujos deberían ser analizados por un psicólogo pues cree que son una respuesta a la ausencia de nuestros padres y a lo difícil que ha sido nuestras vidas sin ellos. Pero no, esa nunca ha sido, ni será la razón por la que mis pinturas no son un bodegón, un lindo paisaje o un retrato de una hermosa mujer, como ella quisiera que fueran.
Y Samuelito, por todo lo contrario. A Samuel lo conocí de una forma extraña al poco tiempo de graduarme del Colegio y desde entonces nuestra amistad ha sido un poco rara pero es la única persona que me alegra el alma con sus palabras. Y aunque a veces desearía que fuera un poco más expresivo y afectuoso conmigo, lo he aprendido a querer con sus sueños, defectos y contradicciones. Porque eso sí, Samuel a veces puede llegar a estar mucho más loco que yo. Y eso que el es el cuerdo de esta “relación”.
Recuerdo muy bien el primer día que vino a mi apartamento. Al entrar a mi cuarto en lo primero en que se fijo fue en mis lienzos. Se paro en frente del más grande, el de “Los Huevos en Formación”, y poco a poco me fui interesando en que podría estar pasando por su mente en ese momento, pues fue el primero en no hacer esa mirada extraña que tanto odiaba. A partir de ese día aprendí a leer en su mirada lo que pensaba o lo que estaba sintiendo.
Sin atacarme de preguntas me dijo que ese cuadro tenía mucho de lo que yo llevaba en mi interior y que no era fácil de sacarlo.
Desde ese día es a la única persona que no temo en mostrarle lo que hago y preguntarle su opinión, así sea un boceto o el cuadro terminado, pues sé que nunca me va a cuestionar sobre lo quise representar o el porque lo hice.
Ojala a partir de hoy que empezare a ver más a fondo en que consiste el Surrealismo que es finalmente la corriente artística en la que siempre he pensado que se encuentran mis obras, pueda ir poco a poco entendiendo el porque de lo que hago y nose a lo mejor algún día podré pararme en frente de un gran publico y explicarles con certeza que es lo que estoy representando en mis lienzos.
Lo amo porque me aleja de la cotidianidad y me lleva al mundo oculto que no todos podrían ver y sobretodo entender. Sofía nunca lo entendería.
Hoy, después de tanto tiempo de esperarlo, empecé a ver mi movimiento artístico favorito. Sí, el Surrealismo. La causa por la que desde mis 14 años supe que quería ser artista, y también el porque cada vez que mi profesora de arte en el colegio exponía nuestras “obras”, yo era la primera en irme, evadiendo a cuanta persona se acercara a mis lienzos, mirara extraño y al no entender nada de lo que tenía al frente quisiera una explicación profunda, que lastimosamente nunca tuve. Siempre me pregunte porque la gente necesita una explicación racional para todo. Y hasta el momento no encuentro su respuesta, o quizá si la tengo, pero se que como nunca estaré de acuerdo con estas personas, no quiero tratar de entenderlos.
Mi obra es tan sólo una muestra de lo que dicen mis sentimientos. Dejo que mi cuerpo sea el que guíe el movimiento de mi pincel, mientras mi corazón escoge cada color de mi paleta de oleos. Es así y siempre lo ha sido.
Nunca olvidare la ultima exposición que hizo mi profesora antes de graduarme. Mi lienzo era el más grande y sus colores los más explosivos, pero como siempre, mi pintura no debía ser entendida por nadie, pero todos querían su explicación.
Ese día me escondí de los preguntones, pero me asegure de poder escuchar cuanto comentario hicieran de mi cuadro. Fue una experiencia un poco extraña, pero a la vez divertida. Ni yo tenía claro que significaba lo que había hecho y mucho menos el porque. Al oír a estos “críticos” que saben de arte lo mismo que de física cuántica, me estremecí. Unos decían que era el infierno, supongo que por los colores calidos que use. Otros que era el nacimiento, porque había círculos que parecían huevos y unos seres extraños que para ellos eran como unos fetos, y que por lo general siempre los dibujo en todas partes. El que más me sorprendió fue mi profesor de Biología el cual se atrevió a ponerle nombre a mi obra, “Huevo en Formación”.
Desde que empece a hacer estos “rayones” como solía decirle a mis dibujos extraños, he tenido que lidiar con todas estas personas que creen tener la respuesta a todo. Pero afortunadamente sus comentarios han salido de mi mente con la misma rapidez que algún día intentaron entrar, sin causarme ningún tipo de interés o resentimiento.
Sólo dos personas han logrado traspasar esta barrera, mi hermana Sofía y Samuel, mi mejor amigo.
Sofía porque es a la única que cada vez que la escucho opinar algo de mis pinturas logra sacarme el mal genio de una forma absurda. Ella piensa que mis dibujos deberían ser analizados por un psicólogo pues cree que son una respuesta a la ausencia de nuestros padres y a lo difícil que ha sido nuestras vidas sin ellos. Pero no, esa nunca ha sido, ni será la razón por la que mis pinturas no son un bodegón, un lindo paisaje o un retrato de una hermosa mujer, como ella quisiera que fueran.
Y Samuelito, por todo lo contrario. A Samuel lo conocí de una forma extraña al poco tiempo de graduarme del Colegio y desde entonces nuestra amistad ha sido un poco rara pero es la única persona que me alegra el alma con sus palabras. Y aunque a veces desearía que fuera un poco más expresivo y afectuoso conmigo, lo he aprendido a querer con sus sueños, defectos y contradicciones. Porque eso sí, Samuel a veces puede llegar a estar mucho más loco que yo. Y eso que el es el cuerdo de esta “relación”.
Recuerdo muy bien el primer día que vino a mi apartamento. Al entrar a mi cuarto en lo primero en que se fijo fue en mis lienzos. Se paro en frente del más grande, el de “Los Huevos en Formación”, y poco a poco me fui interesando en que podría estar pasando por su mente en ese momento, pues fue el primero en no hacer esa mirada extraña que tanto odiaba. A partir de ese día aprendí a leer en su mirada lo que pensaba o lo que estaba sintiendo.
Sin atacarme de preguntas me dijo que ese cuadro tenía mucho de lo que yo llevaba en mi interior y que no era fácil de sacarlo.
Desde ese día es a la única persona que no temo en mostrarle lo que hago y preguntarle su opinión, así sea un boceto o el cuadro terminado, pues sé que nunca me va a cuestionar sobre lo quise representar o el porque lo hice.
Ojala a partir de hoy que empezare a ver más a fondo en que consiste el Surrealismo que es finalmente la corriente artística en la que siempre he pensado que se encuentran mis obras, pueda ir poco a poco entendiendo el porque de lo que hago y nose a lo mejor algún día podré pararme en frente de un gran publico y explicarles con certeza que es lo que estoy representando en mis lienzos.
1 comentario:
Diana, hay que hacer varias correcciones en la ortografía, ya se siente el contraste de Abril, sus momentos de felicidad, su arte, sus "enredos", eso me parece que está muy bien.
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